De la moneda al móvil: la evolución de los pagos digitales 

La forma en que pagamos ha cambiado. Hace apenas dos décadas, pagar implicaba seguro usar efectivo y, como mucho, con tarjeta física. Hoy, pagar puede ser un gesto invisible. De lo físico pasamos a lo digital, a lo móvil, y ahora a lo integrado, para que los pagos sean algo discreto, rápido y, en teoría, seguro (y la base de una cobranza eficiente para las empresas). 

Así es como hemos pasado de un mundo a otro en tan poco tiempo. 

Fase 1: la digitalización básica

Pocos lectores recordarán haber usado un cheque para pagar algo. Las transferencias bancarias directas, y muy especialmente el uso de tarjetas de débito y crédito, transformaron la manera de pagar y la volvieron más segura, al hacer innecesario llevar encima grandes cantidades de dinero. Ello supuso en todo el mundo un descenso de los robos, pues una tarjeta es muy fácil de bloquear y de poco sirve al ladrón. 

El paisaje urbano se llenó de cajeros automáticos para sacar el efectivo justo cuando fuera estrictamente necesario, y en este contexto no había forma de llegar más lejos. 

Entonces llegó el boom del comercio electrónico, y con ello, nuevas necesidades. 

Fase 2: el e-commerce y los pagos online

La aparición de internet cambió las reglas del juego. Primero fuimos capaces de comunicarnos de forma casi instantánea con gente de todo el mundo. A ello, claro, le siguió el poder comerciar con gente de todo el mundo de forma igualmente rápida. Ello requería una nueva forma de pagar, en la que el efectivo ya no jugaría ningún papel. 

Las tarjetas de crédito son un sistema excelente y muy versátil, y sirvieron de puente entre el comercio analógico y el digital. Lo que te servía para pagar en la tienda o sacar efectivo te servía y te sirve para pagar en internet, a través de pasarelas de pago seguras. 

Hubo resistencia al principio, pero la reputación de las entidades bancarias y la solidez de los sistemas se ganó la confianza de la gente, y el crecimiento del e-commerce fue explosivo: solo en el lustro entre 2009 y 2014, el comercio digital en México se multiplicó por seis. 

Pero claro: en este nuevo ecosistema podían aparecer nuevos intermediarios más allá de los bancos o en colaboración con ellos. Ahí están PayPal y otros wallets como ejemplo. Y pronto los llevaríamos en el teléfono. 

Fase 3: Pagos móviles y Fintech

El smartphone ha sido rizar el rizo de internet, multiplica la velocidad a la que todo ocurre digitalmente en el mundo. Los nuevos wallets, el uso de QR, las apps de pago, las transferencias inmediatas (SPEI, CoDI)… 

Los datos hablan por sí solos: el crecimiento de pagos digitales en estos últimos años ha sido del 40%, y solo en 2023 el uso de tarjetas creció un 25%, símbolo de este amplio uso digital en México. El acceso al pago digital instantáneo está llegando a todas las capas de la Sociedad. 

Fase 4: El ecosistema actual, omnicanal y sin fricciones

Ahora todo fluye (más o menos). Tenemos ante nosotros un consumidor hibrido, la mayoría combina canales. Desde links de pago al uso de QR, o la tecnología contactless, que obliga a guardar ciertas precauciones, pero acelera muchísimo cualquier transacción. 

De esto se beneficia el público, los pequeños comercios digitalizados, los servicios profesionales, y también las empresas más grandes. Y para todo tipo de operaciones: desde el pago directo (como lo harías en Amazon) al p2p, o la posibilidad de recibir tú el dinero inmediatamente, por ejemplo de una devolución, o incluso del retiro inmediato de un casino online. 

¿Qué viene ahora? Retos y previsiones de futuro

No todo se ha digitalizado todavía. El 85% de la población utiliza todavía efectivo para compras pequeñas, y posiblemente lo siga haciendo aún mucho tiempo. Además, todavía existe brecha digital y problemas de confianza en los bancos o en los sistemas de pago. 

Pero, al mismo tiempo, el mundo de los pagos digitales no espera a nadie y sigue adelante: la biometría ya es casi una realidad, así como los pagos automáticos generalizados. Veremos un ascenso de la IA en la lucha contra el fraude (y, por sus errores, nos meteremos en no pocos problemas, que esperemos podamos solucionar), y una interoperabilidad global cada vez mayor. 

La pregunta es: ¿quién liderará estos cambios? ¿Seguirán las entidades bancarias al frente o irán a remolque? Una cosa está clara: junto a la inmediatez y facilidad del pago, para millones de hogares es fundamental poder controlar bien el dinero, tanto a nivel particular (gestión digital de los fondos personales de cada uno) como general (educación financiera y digital para todos). Cualquiera que sea el sistema que domine el panorama de pagos en el futuro, tendrá que fijar la atención en estas dos cuestiones para que su servicio sea realmente útil a todos. 

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